miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los desfiles escolares: un fenómeno anacrónico

Desde hace muchos años atrás, en el Perú, los aniversarios de las ciudades e instituciones, casi siempre, están acompañados por los famosos desfiles, sean estos, escolares, institucionales o militares. El último aniversario de Puno no fue la excepción. A pocos días de mi regreso al Perú, vi con extrañeza cómo, aún, miles de escolares, después de esperar varias horas, formados bajo un imponente sol que doraba su piel, marchaban con marcialidad frente a las autoridades, levantando las piernas hasta la cintura con gesto adusto y uniformes impecables; sin duda, asumían el rol de soldados de guerra, que para muchos de ellos, supongo, se constituye en un martirio.

Los actos de desfiles son costumbres occidentales, reminiscencias de una modalidad de guerra ya extinguidas en la actualidad. Aquellos actos en el que los soldados de infantería se desplazaban formando largas hileras para enfrentarse al ejército enemigo; era una especie de exhibición de poder de las fuerzas militares. La victoria en la batalla dependía más de la fuerza y pujanza del número de soldados que de la habilidad y estrategia militar de los mandos, así es como sucedió durante la I y II Guerra Mundial.

El desfile escolar es una burda y estereotipada imitación de las posturas y la rigidez de los desfiles castrenses que en pleno siglo XXI se convierte en un fenómeno anómalo y anacrónico. Un ritual sin sentido. La exagerada militarización ejecutando marchas imperiales de batallones castrenses con bandas de guerra y escoltas abanderadas se alejan de la naturaleza educativa de las instituciones educativas. Son prácticas decadentes del siglo pasado que ya no se ejecutan en la mayoría de los países occidentales, a pesar de que, su origen resida en éstos.

Ahora bien, los batallones no sólo conforman los escolares uniformados, sino también, los profesores y las profesoras, quienes vestidos con elegancia, pasan desfilando a paso marcial como buenos soldados obedientes, que en la mayoría de los casos terminan en imponentes desfiles de botellas cuya ganancia para las empresas cerveceras no tiene pierde. Si se presentara una guerra, de seguro saldríamos perdiendo total y completamente.

Los desfiles de carácter castrense también se han extendido a otras instituciones sociales o gubernamentales, incluso presentes en los pueblos más recónditos y los distritos más alejados, en la que las municipalidades convocan a los escolares para los desfiles, pero solo para que marchen y participen con sus escoltas; así, los desfiles son casi infaltables en los aniversarios de creación o fundación de los distritos y provincias, aunque no se entienda el porqué de su presencia y para qué. Incluso se observa a humildes madres de familia desfilando con paso marcial, a pesar de ser una práctica ajena a nuestra cultura andina. Forzar a que un número elevado de personas haga algo coordinadamente es una eficaz manera de someter la libertad de cada uno de los miembros del grupo, una forma acrítica de someterse al poder y a la obediencia. Es una forma de colonización.

Desde la perspectiva pedagógica, los desfiles escolares son una perfecta muestra del fracaso oficial de la educación cívica para que los estudiantes asuman libremente su compromiso con la patria como Estado-nación, región, ciudad o localidad donde se vive. A nadie le queda claro si se desfila para alegrarnos, recordar nostálgicamente las guerras perdidas o exhibir el poderío civil-militar. Seguramente, los turistas ven como los gobernantes se complacen haciendo desfilar a la gente bajo su mando, algunas veces de modo cruel, y quienes desfilan, sin darse cuenta, a veces, gozan al verse humillados y maltratados.

Para nadie es un secreto que los escolares asisten a los desfiles por obligación, sólo para aumentar sus notas en las áreas curriculares afines o en el componente de actitudes, que los auxiliares controlan sigilosamente en coordinación con el Director y algunos profesores; así, se convierte en una forma de reproducción social de la dominación (Bourdieu, 1984) y la subyugación que algunas autoridades ejercen sobre aquellos que no poseen poder. Estos creen que se está sembrando el más puro civismo; está claro que, es falso que los desfiles los hagan más patriotas, disciplinados y ordenados; peregrina idea de algunas autoridades educativas y gubernamentales.

Sostener que los desfiles son expresiones de civismo y patriotismo es un concepto retorcido y colonial. Desfilar levantando más alto las piernas no significa ser más puneño o peruano, es decir, no es más patriota el que desfila mejor o peor. Los motivos sobran para extirpar estas prácticas y reemplazar con pasacalles, bailes, comparsas como sí lo hacen algunos colegios. Transmitir a los escolares que es un día especial para desplegar nuestra cultura andina y amazónica, nuestras danzas y ritos ancestrales, donde los adolescentes internalicen la noción de identidad cultural; incluso se puede representar cómo fue la esclavitud durante la invasión española y cuál es nuestra tarea decolonizadora. ¡Las escuelas no son espacios militares!

1 comentario:

LAUNICA dijo...

Estoy de acuerdo con las ideas en el texto. Considero que debería darse más apertura a lso pasacalles. Saludos